viernes, 2 de octubre de 2015

Un posible editorial

Ser centralista es haber perdido el centro. 
Es tener el centro fuera de uno mismo. Cuando el centro está dentro, se es autónomo.
El centro ya no es Europa, ni EEUU. Y Dios ya no atiende sólo en Buenos Aires sino también en San Nicolás, Ramallo, Rosario, un poquito todas partes, con una condición simple: que nos apropiemos de nosotros mismos.
Decir ‘yo puedo' es tener 'poder'. Un poder que no viene de arriba sino de adentro.

Hace cuatro años, el grupo de computación del CIC tenía una consigna clara: "si las máquinas llegan, daremos computación en el CIC; si las máquinas no llegan, daremos computación en el CIC".
Fuimos testigos de lo imposible: el primer curso de computación sin computadoras. Los recursos no estaban pero la gente venía igual.
 Traían cuadernos y practicaban en su casa, motivados por profesores inolvidables, muchos de los cuales, sabían por experiencia, que en condiciones de exclusión, ser educado es ser salvado. Más tarde se incorporaron los celulares y luego las netbook -que pudieron comprar a través de Anses- pero no fue la tecnología el motor del cambio.
 
Ser creativo, es un modo de ser social, no individual. No se nace creativo, se vuelve creativo -cada vez más- aquél que puede compartir sus ideas con otros, sin miedo a que lo censuren. No hay creativos en dictaduras, ni en capitalismos devastadores de proyectos sociales.  La práctica de tener ideas viene asociada a la práctica de la libertad.
En el 2008 se inició un proyecto social en Pami San Nicolás, en el cual se nos invitaba a los profesionales a ser creativos. En el 2011, la misma propuesta en el Centro Integrador Comunitario de Barrio Garetto. Cualquiera de nosotros podía presentar su proyecto, y la libertad misma era la condición de filtrado: si no hay amiguismo, si no hay palanca, la calidad del proyecto es la única diferencia, el único responsable es el autor. Él es su propia palanca.
Esto que nos parece tan difícil, ser autónomos, ser nuestro propio impulso, nuestro propio centro, se hace menos duro trabajando en equipo.

Los mayores nos han dejado enseñanzas, anécdotas, consejos, historias. Adriana suele contar la de aquel abuelo con Parkinson, que apareció en su oficina mostrándole las manos que ya no temblaban: «es porque voy a computación» decía. Silvia asegura que el Instituto «cobra vida cuando ellos llegan». Profesores de arte, de literatura, psicólogas, nutricionistas, bailarines, entrenadores, músicos, ajedrecistas, técnicos, terapistas, periodistas, todos nos reunimos alrededor de un proyecto que se retroalimenta en un objetivo claro: la entrada en la vejez y la salida de la exclusión. Allanar el camino de ida hacia ése lugar que nosotros mismos ocuparemos, y el de salida de lo que algunos padecen hoy.
«Parecería que los ‘viejos’ somos nosotros» -se suele escuchar de los jóvenes. Porque el concepto de vejez ha cambiado, y ahora se puede ser viejo de muchas maneras, no sólo sumando años sino perdiendo la voluntad. Conservándola, también es posible ser un viejo feliz.

¿Por qué una revista?

Porque queremos revisar y ponerle palabras a lo que hicimos durante este período. No palabras que sustituyan la acción, sino palabras mágicas que produzcan cambios, como el Amén de los creyentes -que también es 'cosa de viejos'.
Los magos persas se reunían para hablar de los asuntos de la ciudad, y cerraban la reunión con una palabra: Abara Cadabara -más conocida como Abracadabra. Significa: hagamos que suceda. No sólo había que reunirse para hablar, sino que había que transformar las palabras en hechos.
Nuestra revista se nutre de un pasado reciente pero se escribe con palabras mágicas que pretenden conducir a la acción, de cara a un futuro que nos tiene enmudecidos de incertidumbre, pero seguros de no querer volver atrás. Es autónoma porque está en el Centro -en un Centro Integrador. Porque no espera los cambios políticos para continuar. Revisa lo que hemos logrado, imagina posibles mejoras, e invita a los que están ausentes a construirla con nosotros.
Hagamos que suceda.
 
 
Verónica D'Angelo
Coord. Talleres Informática y Periodismo
para la Tercera Edad. PAMI San Nicolás

jueves, 1 de octubre de 2015

CIC Garetto. Desde sus orígenes.


Entrevista con Lucio Vega

Por Verónica D’Angelo

Lucio Vega es Coordinador de la Mesa de Gestión del Centro Integrador Comunitario (CIC) de Barrio Garetto. Durante los festejos del Día del Niño y del Aniversario del CIC, el 12 de Septiembre, charlamos sobre los orígenes del centro integrador y sus actividades hoy.

 V - Lucio, cuéntenos cómo llegó a ser coordinador del CIC y en qué consiste una Mesa de Gestión.  

 
 L – Bueno. En el barrio Garetto no había comisión vecinal. En el año 2010, yo estaba a cargo de la Biblioteca del barrio, a una cuadra de aquí. Un buen día, me invitaron como representante del barrio a unas reuniones. No me especificaron bien de qué se trataba, pero me dijeron que se estaba por abrir un Centro Integrador Comunitario. Yo no sabía que era esto.

 Llegó el momento, nos reunimos en aquél hall. Me acuerdo de que nos movíamos pisando sobre tablones porque todavía no estaba terminado el piso. Esto no estaba todavía terminado, estaba el revoque, estaban trabajando las tres cooperativas de trabajo que había en ese momento. El SUM todavía no estaba hecho. Bueno, vino gente de Buenos Aires. Nos dieron una clase explicativa sobre qué era el CIC. Y ahí pude saber qué significaba esto y para qué se construían los CICs, cómo era el mantenimiento y el desenvolvimiento.

Esta Mesa de Gestión es una especie de comisión que se formaba para la administración del CIC, y para la organización de un área socio educativa que incluía a todos los talleres que iban a funcionar aquí dentro.


Éramos alrededor de treinta personas. La Mesa de Gestión debe estar integrada por: personal municipal, personal del Ministerio de Desarrollo Social, las cooperativas que estaban trabajando aquí, los vecinalistas, los referentes del campo educativo, como son los directores de escuelas, si hay algún club, alguna biblioteca. Instituciones locales del barrio, que con el tiempo, en nuestro caso, se fueron sumando personas de otros barrios, inclusive, hasta el año pasado, tuvimos una médica que trabajaba en San Nicolás, participaba de la Mesa de Gestión, pero ella vive en Rosario. Un muchacho que vive en la localidad de El Trébol, provincia de Santa Fe, se integró la mesa. Éramos más de treinta en ese momento. Había algunos referentes de líneas políticas como eran los del Movimiento Evita, tres sacerdotes de la Iglesia Católica, así como representantes de la Iglesia Protestante: dos de la Iglesia Evangélica y uno de Iglesia Mormona.

Niños del barrio preparan tortas fritas en la cocina del CIC
Éramos muchos. Al principio las reuniones se hacían aquí. Hasta que en un momento decidimos cambiar de lugar porque estaban haciendo la obra. Así que continuamos en un salón que nos prestaron de una escuela de formación profesional. Cada quince días nos reuníamos. Venía también la gente de Buenos Aires a darnos capacitación sobre el manejo de la mesa. Había que elegir un coordinador. Yo sugerí hacer una terna. Me gustaba mucho una señora del Movimiento Evita, con mucha capacidad organizativa. Pero la mayoría temía que el manejo quedara bajo la óptica de una sola línea política. El día de la votación éramos alrededor de 36 personas, 18 me votaron a mí, 6 votaron a otro candidato, 3 a esta señora y hubieron abstenciones. Así que asumí como coordinador del CIC.

El ministerio nos llevó a los coordinadores a capacitarnos en otros CICs cercanos. Fuimos al de San Pedro, al de Zárate. Nos reuníamos de mañana y de tarde con los coordinadores de otros CICs.

Cualquier persona puede acercar su proyecto a un CIC. Es una institución abierta. Nadie está obligado a continuar, cuando lo desean, pueden dejar de venir. Los talleres que funcionan bien son estables.

Si bien de aquella primera reunión hemos quedado tres personas, Olga -una señora que está en la cocina-, Beba, y yo. Todos los demás que integran el CIC, se han ido sumando a través del tiempo.

El CIC se inauguró con el ala de Salud, porque ya habían cerrado un dispensario cercano para pasar los profesionales al CIC.

El CIC se terminó en enero del 2011 y se inauguró en Julio de ese mismo año. El día 20 se inauguró y a la semana siguiente ya funcionaba Salud.

Nos reuníamos en ese salón o en el SUM, una vez por semana, porque había bastante tarea.

V - ¿Qué talleres educativos funcionan en el ala de Desarrollo Social, incluyendo los de Pami?

El primer taller del CIC fue el Taller de Computación a cargo del profesor Luis Enciso.El Dr. Pellegrini vino al CIC a visitarnos, recorrió las instalaciones, y acordamos con él traer algunos talleres de Pami. Así que el segundo taller fue el de Folklore, a cargo de Chiche Obregón.  Luego se sumaron todos los demás talleres. Hoy tenemos el Taller de Periodismo, clases de Canto, Taller de Dibujo, Pintura y Cestería, Yoga, Dibujo para Niñas y Niños, Gimnasia rítmica, Tango, Estimulación Temprana, Marroquinería, se están haciendo reuniones de apoyo para Papás y Mamás que no pueden ver a sus hijos, y otros proyectos que la gente acerca desde su problemática real y concreta. El CIC es un institución abierta y puede dar lugar a todos. El de Estimulación temprana está desde el principio, es un taller independiente pero está dentro del área de Salud por el espacio físico, pero depende del ministerio de Educación de la Provincia. Tienen la sede en el centro e hicieron un convenio con la Municipalidad para que funcione también en los barrios. Así que contamos con taller de estimulación temprana en la Zona Norte, Sur, Centro y Oeste.

domingo, 15 de marzo de 2015

Alfredo Busch



Fragmento de la entrevista documental realizada por el periodista Gabriel Chaparro el 8 de abril de 2014, días antes de su fallecimiento.

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ESTIRPE POÉTICA (*)
Hay que morder el polvo y los huesos y la luna,
los esqueletos dinásticos de las medallas
y las sublimes costillas de los hombres,
galopar por los cuchillos y el cinc y las magnolias,
galopar por los fémures y la lengua  
en amanecidas platas derribadas
con un suicidio de peces fugándose en los párpados,
en quijadas o calaveras llenas de dientes o furias,
llenas de espadas,
llenas de estopas, de silencios, de combatidos óxidos, de estambres,
de violines fugándose en la noche de los violinistas ciegos
por violentas pestañas de crepúsculos,
para llegar a los cabellos aterrados.
Crepitar en el silencio  
entre camisas de estambres, o polen o cipreses,
como solemne lágrima detrás de cada ortiga;
sentir las margaritas roídas por los dientes,
por los gritos que corren desesperados  
a través de las sienes y las palomas
desenterrando gestos como metales, o golondrinas
o cadáveres de pájaros enlutados.
 Gritar, caer, crepitar, consumir.
 Oh rostro de la muerte con caballos de espumas en la sangre.
Oh rostro de la muerte como oscura manzana en su ataúd.
   Sin Dios, sin misa, sin campana.  
Oh lento consumir de calaveras 
 que en la noche golpean mis hormigas.  
Hay que morder el polvo y los huesos y la luna.

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Alfredo Omar Busch: Nació en San Nicolás (Buenos Aires, Argentina) en 1931. Publicó los libros de poemas “Las nostalgias” (Ediciones Horizonte, 1954); “Trébol de cuatro poemas” (Ediciones Horizonte, 1956); “Elegía por tu destierro - En memoria de Ana María Chouhy Aguirre” (Ediciones del Curupí, 1957); “Doce poemas” (Publicación conjunta con Mario Verandi y César Bustos – Ediciones del Curupí, 1959); “Publicación del grito” (Ediciones del Curupí, 1962) y “El gran testimonio” (Fondo Editorial San Nicolás, 1993)y "El Libro de los amuletos" (Ediciones del Doc, 2007). Integró el Grupo Bonaerense “Arroyo del Medio” –de intensa actividad poética en la década de 1940- y su voz fue incluida en el primer Disco Compacto (CD) de la historia literaria de San Nicolás, titulado “Poetas de San Nicolás: voces de un nuevo milenio” (Yaguarón Ediciones, 2000). Falleció el 18 de junio de 2014.

jueves, 12 de marzo de 2015

Reactivar el centro

Trabajo en una obra social pero conozco poco San Nicolás.
Confundir Reynoso 712 con 172 implicó una larga caminata bajo sol intenso de las cuatro desde el Cementerio hasta la casa de Laura.
Allí nos saludamos por primera vez, atravesamos la forrajería y me hizo pasar a la única habitación con aire. Me alcanzó una silla y sobre la cama escribí los valores según categoría: “Idóneos 670, Intermedio 740, con título terciario 920,…”.
Desde la cómoda, sobresalía la foto de un chico, atravesada por un rosario.
“Son dos clases semanales de dos horas cada una”. Laura se abanicaba impaciente, esperando un desenlace.
“Es muy importante que el profesor dedique una de las horas a la sociabilidad, algo así como un recreo”. Tuve que hablar más fuerte que el conductor del programa que la mantenía en vilo. Me explicó que no podía irse sin ver el resultado del ADN: si era positivo, el muchacho de la tele había encontrado a su madre.
Nos fuimos charlando hasta la parada acerca de los detalles del curso. Que no es curso, es taller. Pero hasta a mí me cuesta concebir una educación sin instrucciones, y que tanta gente necesite seguir aprendiendo a la edad en que, se suele decir, deberían descansar.  
En la parada saludó a varios vecinos. Me presentó a Graciela, la enfermera del Centro de Jubilados Ferroviario, el lugar que tanto insiste en recuperar, como si fuera algo más que se pierde. Subimos al cole y tuve la sensación de que todos la conocían, pero imaginé que se debía al amplio radio del centro: La loma, Guena, Asonia, Lares, Fraga, Martínez, San Pablo…
 "¿Sabés que esa señora que subió me saluda siempre y yo no sé quién es? Y me saluda con mucho cariño, con todo… y yo…”.
“Claro, te deben conocer porque presidís el Centro.”
“No... Yo perdí un hijo hace cinco años y por esa causa me conoce mucha gente. Mi hijo era muy querido. Era bailarín de folclore, tango, clásico, del ballet municipal […] salió de una actuación con los compañeros… el tren de las 2 menos cuarto […] Mi hijo falleció. Un golpe en la cabecita y falleció…
Y después, a los dos años, falleció mi esposo [...]
 Si es triste la vida, hija…
Estoy organizando viajes de turismo, para poder salir y que mi mente se limpie, pero lo llevás siempre. No podes. Tu casa es el vacío. Llegás a tu casa y volvés a la realidad […]
“Esto, corazón, es una cosa que yo no te lo puedo explicar. A veces pasan dos días y es todo normal. Y de pronto, la sangre te da un vuelco: Pablito no vuelve.
Tengo que poder entender esto y seguir [...]
No soy la única que siente esto, he hablado con otras mamás y me dicen que les pasa lo mismo”.
Laura se reúne periódicamente en la catedral con otras madres que han perdido a sus hijos. Y se dedica a visitar escuelas para enseñar Seguridad Vial. “Sólo pude cambiar el dolor por servicio”.
Mientras volvía a mi ciudad volvía también la imagen del adulto mayor idealizado de mis comienzos.
Está mal visto en el mundo académico que los educadores de tercera edad pretendamos ‘guiar’ a una generación completa hacia lo que ‘debería ser’. Entonces la única voz que se escucha es la del mercado, que les propone ser jóvenes para siempre. Y el puesto sigue vacante…
Ser mayores no es cuestión de edad sino de coraje para asumir el puesto. ‘Los mayores’ solían ser los que velaban por el bienestar de los menores.
Algunos, como Laura, aún lo son.

V.D.
 
 
Asociación "Pablo por la vida"
 
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